Cerrado por vacaciones

Cerrado por vacaciones

Viernes 19 de agosto. Hace tiempo que esperaba este momento. Al fin cierro la puerta de casa, pulso el botón del ascensor y pongo rumbo a la playa. Apenas un viaje relámpago para huir de mí mismo a la velocidad exacta del paisaje que discurre por la ventanilla del tren. Intentaré no desmadrarme mucho con la comida y seguir en esta línea healthy que me ha hecho perder ya la friolera de 15.5 kilos (1.2 esta última semana que me ponen en 72.9).

Mi preocupación por alimentarme de la mejor forma posible es mi nueva religión, aunque no por eso he dejado de rezarles de vez en cuando a esos dioses paganos que son las grasas y los refrescos azucarados. Con esto quiero decir que no vivo obsesionado y que no estoy a un paso de entrar en la secta de los veganos ni de los que sólo beben zumos o han declarado la guerra a los carbohidratos mientras se atiborran de chuletones de Ávila vuelta y vuelta.

Antes comía como si lo fueran a prohibir, ahora no. Y por eso acabo de superar otro de mis retos después de casi un año de sequía. La verdad es que no se me ocurre mejor manera de despedirme. Y sigo en la pelea, por supuesto. Pero eso será ya en otoño; la pelea pública, claro, porque la privada sigue su curso para continuar dando buenas noticias. Así que sin más que añadir nos vemos el 30 de septiembre, en la cuarta temporada de Mi vida gorda. Y ojete, ¿eh? Que paso lista ; )

Tendero GO

supermercado

Viernes 5 de agosto. Hace unos días casi pienso en serio. No sucedió pero estuvo cerca. La cosa es que iba yo tan campante por el supermercado cuando me pregunté por qué coño unas manzanas o una pechuga de pollo tienen que llegar envasadas a nuestras manos. Me tranquilicé pensando que debe exigirlo alguna ordenanza sanitaria. Pero luego volví a inquietarme al considerar que de esta forma consiguen que adquiramos una cantidad superior a la que verdaderamente necesitamos, obligándonos a un consumo excesivo que evitaríamos si hubiese un dependiente que nos pesara la fruta o nos fileteara la carne.

Antes conocías al panadero, al carnicero, al frutero y al pescadero. Ahora con suerte conoces a la cajera si antes no se la lleva por delante el penúltimo ERE de la empresa. Pero el gordo necesita testigos de su maldad, presión de grupo para no sucumbir a las tentaciones que asaltan su rubensiano paseo por el infierno. Sin la mirada inquisidora de un tendero nos sentimos libres de atestar nuestro carro de mierdas que harían vomitar a una cabra.

Es así que tropecé y derribé unos estantes y cayeron en mi carro un par de pizzas, un pack de Coca-Colas y un bote de Nesquik. En una sola cena tiré por la borda una semana entera. El resultado son 300 gramos más (y dando gracias) y una recogida de firmas en Change.org para que vuelvan los tenderos, esos pokémons esquivos. Avisadme si cazáis alguno. O si se forma Gobierno. Lo que ocurra antes.

Surprise!

koala

Viernes 22 de julio. De esta guisa me quedé esta mañana al subirme a la báscula. Cambiad las hojas de eucalipto por copos de cereales y tendréis mi vivo retrato. En mi camino por perder peso nunca dejaré de sorprenderme. El cuerpo humano sigue siendo un gran enigma a pesar del enorme número de estudios que se le dedican.

He perdido 1.5 kilos (de 74.7 a 73.2) en una semana no especialmente intensa y en la que no he visto la bici ni conectando con el Tour de Francia. Habría que remontarse a mediados de enero para encontrar una rebaja similar en mi historial de pesaje. Estoy a 200 gramos de tachar otro de mis retos. ¿Acaso no molo? : P

Ombligándome a ser mejor

buton

Viernes 15 de julio. Ya no hace falta comprarse un mono para no aburrirse: basta con tener Instagram. Por esta red social corre ya el penúltimo desafío… y digo penúltimo porque para cuando yo quiera escribir estas líneas es muy posible que ya esté en marcha alguna que otra soplapollez soplada de vidrio. El `tontorreto´ en sí responde al nombre de #bellybuttonchallenge y consiste en tocarte el ombligo mientras pasas el brazo por detrás de la espalda, como hace la chinorri de la foto. Ya os digo que yo no puedo porque soy de brazo corto. Ehem…

P.D. Y ahora dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que hoy cumplo 100 entradas y lo hago con mi peso más bajo (74.7, 600 gramos menos que la semana pasada), y la mala es que no lo celebraré haciendo un `pacoleón´. Haber espabilado. Así que ajo… que es muy bueno para la circulación.

Reflexiones de un Homer de la vida

Hpmer gordo

Viernes 1 de julio. Perder peso es un reto que a veces me colapsa por su magnitud, un objetivo que oscila entre la plena dedicación y el diletantismo más feroz, en un contexto además donde la globalización ética dictamina que el gordo es un fallo en el sistema, un trozo de chapapote entre los corales, un suicida en la casa de la pradera. Aunque yo prefiero considerarme un antihéroe que vive a remolque de la esperanza, siempre a un paso del llanto y a otro de la sonrisa.

Mi oscuridad de hace un año clamaba a gritos algo de luz. Por eso abrí este blog en mayo de 2015, a esa hora en la que los bares ya están cerrados y todos tus amigos duermen y no puedes contarles lo mal que te va. Entonces encontré aquí mi refugio, mi capilla, mi tabla para salir de mi situación de incapacidad o indefensión en la que me encontraba por errores propios. No acepté la sumisión como estrategia de supervivencia, que hubiera sido lo más fácil, lo más cómodo, aquello que hace cualquiera que vive su vida como si todo le sucediera a otro. Yo aposté por la rebelión y aquí estoy: 99 entradas después y 13 kilos menos (de 88.4 a 75).

No os diré que ha sido fácil, porque yo no vengo aquí a contaros cuentos de príncipes y princesas débiles, dependientes y de dudosa inteligencia, no. Sólo quiero dejaros claro que si queréis algo de veras vais a tener que hacerlo vosotros mismos, cada uno por un camino distinto, para que al final todos podamos encontrarnos en la meta, en nuestra Ítaca del normopeso, en El Dorado de nuestro bienestar. Si nos sentimos fuera de lugar, si hemos perdido la fe en nuestra propia existencia, si hasta la sombra parece que nos quema, es hora ya de apostar fuerte y saltar la banca. O volvemos a casa millonarios o habremos perdido aquí hasta la camisa y todo para nada. Hagan juego, señores.

Gordito´s Way

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Viernes 10 de junio. El momento más duro en cualquier dieta es cuando te estancas en un peso y te cuesta lágrimas de sangre seguir sacando kilos de ahí. En ese instante caben dos posibilidades: o tirar la toalla y hacerte un rollito de primavera con ella o repensar el motivo de tu reto para cogerlo con más fuerza. Porque es cierto que a medida que pasa el tiempo la euforia de los primeros éxitos deja paso a la inercia, a no saber qué nos trajo hasta aquí. Con frecuencia ocurre que hemos usurpado el sitio y el valor que se merecen nuestros esfuerzos y conquistas. La tentación entonces es acabar volviendo al punto de partida. Pero también entonces es cuando hay que tirar de perspectiva y entender que no podemos cambiar en doce meses lo que nos ha llevado una vida entera de mojar la Nocilla en Cola Cao.

Por lo demás, deciros que va para dos meses que no consigo superar la barrera de los 75.3. Se ha convertido en mi nuevo Rubicón, en mi nuevo techo de hormigón, en algo que a priori no puedo perforar. A priori. Porque podré y vosotros lo veréis. Porque a esto he venido, a contaros una historia de éxito. Este blog nunca será un “404 not found” ni un fósil que dé testimonio de lo que pudo haber sido y no fue. En julio añadiré la natación a mis pedaleos para ver si rompo este impase.

Mientras tanto, un briconsejo. Huid de los cumpleaños. Son trampas mortales. Este miércoles tuve el de mi madre… ¿y qué puedo decir? Sobre la mesa sólo había cosas que engordaban con sólo presentirlas, venenos que mi propia madre me ofrecía en bandeja como una vulgar Mesalina. Y es que a veces me siento vivir dentro de una película, una de esas donde el prota sale de la cárcel y quiere emprender una nueva vida pero no le dejan. Gordito´s Way.

Cinturita de abejorro

abeja

Viernes 3 de junio. Mi novia, que me quiere mucho, dice que yo no estoy gordo (75.3), que lo que me pasa es que tengo cinturita de avispa (yo diría que de abejorro más bien). Y que a ella le encanta pasarme la mano por la lomera, siempre tan tibia y tan mullidita. El amor, qué os voy a contar. Pero recientemente he leído algo que inquietaría incluso a la jovial abeja Maya y a su tribu de simpáticos coleópteros. Resulta que cuanto mayor es la cintura más riesgo hay de desarrollar un cáncer de próstata letal; cada diez centímetros de aumento por encima de lo recomendable dispara las posibilidades cancerígenas. Y aunque ya sabemos que el sobrepeso agrava cualquier dolencia no está de más recibir de vez en cuando una manita de hostias de realidad, para saber que no estamos aquí para fardar ante las chatis o lucir tipito en el bordillo de la piscina, si no que esto va de salud, de chásis más que de chapa y pintura. Así que lo dicho, avispas mías, picad pero que no sea entre horas.

No esperes para construir

lunes

Viernes 27 de mayo. Es obvio que existe un vínculo entre nuestro optimismo y la decepción y frustración que sentimos ante los resultados insatisfactorios. Pero la culpa es sólo nuestra, la realidad nunca se equivoca ni comete errores. La culpa es de nuestra arrogancia por promover los pronósticos inadecuados. Es la distancia que media entre el ideal teórico con el que nos identificamos y quienes realmente somos.

Durante este año de cerrar la boca y mover el culo he observado cómo los integrantes de la gordisfera nos inclinamos con frecuencia hacia aquello que nos genera malestar. Y no sólo nos equivocamos, no, sino que además lo hacemos de forma previsible. ¿Cuántas veces prometimos comenzar la dieta el lunes? El gordo es un ser curtido en las estrategias del autoengaño, un experto en posponer el sufrimiento.

Esta semana he perdido 200 gramos, estoy en 75.4. Esperaba más después de otros siete días rebañando la sombra de un huevo frito y dando más pedaladas que un Pantani dopado, pero así son las cosas (véase de nuevo el párrafo primero). En otro tiempo, en mi otra vida, mi otro yo hubiera encontrado en esta lentitud resultadista motivo más que suficiente y legitimador para esculpir un discurso paralizante. En otro tiempo, en mi otra vida, mi otro yo. Ahora no. Ahora soy un hombre que se pretende activo, eficaz y vivo, un hombre que toma elecciones a favor del bien.

Un año a plan

El gran lebowski cinemelodic personajes 1

Miércoles 18 de mayo. Al tiempo que echo la vista atrás y pienso por qué me metí en este fregao, me da por recordar una anécdota de la infancia: el día en que un amigo mío atrapó un saltamontes, lo metió en un tarro de cristal y volvió con una lupa para achicharrarlo. El bicho permaneció inmóvil a pesar de la tortura, mirándonos con sus ojos imposibles, y entonces fue cuando decidí liberarlo de su fatal desenlace para cabreo de mi compañero de juegos, con el que acabé enzarzado a puñetazos. Nos dimos una paliza de campeonato. Tendría yo unos once años.

Si cuento esto es porque pienso que aquel saltamontes en el tarro de cristal ilustra el modo en que las personas dejamos que ciertas cosas a las que estamos acostumbrados duren muchísimo tiempo, sin darnos cuenta de que son precisamente esas cosas a las que estamos habituados las que nos están matando. Hace un año yo no quise quemarme, no quise ser un saltamontes en un tarro de cristal, no quise que mi vida se convirtiera en una huida hacia adelante donde la mala suerte me arrinconara. Comprendí que yo también hubiera recibido el rayo abrasador de la lupa hasta el mismo momento en que ya no hubiera podido moverme por mucho que lo hubiera necesitado. Por eso me rebelé contra las circunstancias y torcí el curso de unos acontecimientos que me hubieran conducido a la obesidad mórbida.

Hace justo un año yo pesaba 88.4, era obeso y comenzaba el gran reto. El balance de estos doce meses son 11 kilos 700 gramos menos (76.7) y otros tantos de tonterías e inseguridades. Ahora mucha gente se apuntará a la operación bikini para lucir palmito playero… el año que viene. Porque así son las cosas, van poco a poco sin que a tus grasas les importe una higa el calendario. La suerte es que yo este verano podré disfrutarlo un poco más con mi nueva imagen. Y eso que aún me sobra un saco de adipocitos hasta alcanzar mi normopeso. Porque ya os adelanto que queda mucha lucha por delante, muchos retos por superar y perder de vista para siempre. Y supongo que eso me llevará otro puñetero año. Pero no importa. El éxito es el único fracaso que se puede permitir un tipo como yo.