Los juegos del hambre

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Sábado 18 de febrero. No lo estoy haciendo bien. El tramo final de mi reto está siendo de lo más accidentado y amenaza con destruir mi legado de esfuerzo y sacrificio. Mi fuerza de voluntad tira ya del depósito de reserva y cada vez me cuesta más calzar la esperanza para que no cojee. Porque la esperanza puede ser muchas cosas distintas o la suma de ellas, pero no es nada si uno no cree en ella. Llevo casi dos años pendiente de mi barriga y de los que quieren verme caer, dos años preguntándome qué demonios puedo comer que no sea inodoro, incoloro e insaboro y que no parezca sacado de un microondas de Fukushima.

Pero resistiré y saldré del bache. Os prometí un blog de éxito y lo tendréis. Aunque me tenga que arrancar las lorzas a dentelladas. Y para eso creo que voy a `olvidarme´ del peso para detener el foco en las muchas otras complicidades con que cuento para alcanzar mi mejor versión. Es erróneo que vinculemos el bienestar exclusivamente con la dictadura de la báscula. La belleza también puede ser -y de hecho es- una piñata cuidada, un cabello bien tratado o unas manos sin padrastros de los que puedas tirar hasta desollarte de cuerpo entero. Así es como pienso esprintar para tomar la delantera al desánimo: dedicándome tiempo y cariños, como la Cosmopolitan y Ana Rosa Quintana nos enseñan.

He retrocedido hasta septiembre plantándome de nuevo en los 72 kilos. Pero lo peor con diferencia es que se me viene encima un finde con promesas de botillo del Bierzo y dulces fritos. Y no, no soy tan fuerte. Estos dos días no habrá parquedad en mi mesa y sí mucha contundencia en el recetario. Quiero que veáis a vuestro héroe sufrir el dolor de la derrota y de la humillación, que seáis testigos de cómo sucumbe a pocos pasos de la meta para quién sabe si quizá lograrlo por fin en la próxima carrera.

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5 pensamientos en “Los juegos del hambre

  1. Anónimo

    Chico, cuídate mucho en todos los sentidos y no sucumbas demasiado a los ricos manjares o los dulces. Eres nuestro icono de perseverancia o de ser más terco que una mula, lo que prefieras.
    Bajar de los 70 será duro pero lo vas a conseguir, y yo también.

    A por ellos que son pocos y cobardes!!

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